Quería felicitarte por el premio en San Sebastián. ¿Cómo te sientes al respecto?
Muy, muy agradecida. Es súper emocionante. Ha sido inesperado, pero tan hermoso. Está dando a la película una visibilidad mucho más grande y mucha gente se acerca a hablarme de ella. Una de las partes más emocionantes es recibir las impresiones de la gente, saber lo que la película ha significado en sus vidas y cómo la han interpretado. Por supuesto, ahora más gente la conoce y estoy muy agradecida por eso. Todo nuestro trabajo, el mío y el de todo el equipo, está siendo visto.
Desde tu trabajo con el personaje protagonista, ¿pensaste en ella desde una estructura psicológica determinada, por ejemplo, como alguien que pudiera ser catalogada con un trastorno límite de la personalidad? Ella se relaciona con la realidad de una manera muy patológica. ¿Construyes primero al personaje desde un trastorno mental o prefieres no plantearlo así?
Sí, cuesta entender desde dónde parte el personaje. Lucho un poco con el etiquetado de una cierta patología. Creo que es fácil invitar al público a etiquetarla en términos psicológicos, pero, al trabajar con el personaje, no la concibo como alguien que tenga necesariamente un problema psicológico.
Para abordar al personaje, siempre fue una mezcla de entender su propio estado psicológico, pero la película no está contada desde esa perspectiva. La experimentamos más como si estuviéramos conociendo a alguien que ha pasado por un trastorno así. Intenté tener cuidado. Me interesaba la experiencia de conocer a alguien que está gravemente traumatizado y cuyo comportamiento ha cambiado hasta el punto de no respetar las fronteras de otras personas, porque sus propias fronteras han sido tan vulneradas que también le resulta difícil respetar las de los demás.
Es decir, hay una psicologización de ella, pero sin colocarle una etiqueta concreta.
Exactamente. Es una experiencia de conocer a alguien que no tiene una etiqueta en la frente que diga que es una víctima de abuso o que es bipolar. No tiene esa etiqueta: conocemos a la gente en la vida real a través de sus acciones. Intenté centrarme en esa idea de que queremos poner a las personas en cajas y entender por qué actúan de determinada manera, para después rechazar un poco esa necesidad. Cuando la audiencia ve que está sufriendo, puede intentar ponerle etiquetas, pero me interesa rechazar esa simplificación y compartir la experiencia de estar con alguien que quizá fue una víctima, pero que ahora es mucho más que eso y también está haciendo daño a otras personas.
Y también están las relaciones que mantiene con su madre, su amiga… Me parece muy interesante cómo sitúas la mirada de los demás y cómo se patologiza a una persona preguntando en determinadas ocasiones: “¿Te has tomado las pastillas?”, “está teniendo un episodio”. Esa mirada puede servir como excusa para no querer ver de verdad a la otra persona. La protagonista está pidiendo ayuda constantemente a su madre, a su amiga… ¿Te interesaba precisamente cuestionar esta tendencia a patologizar la reacción de una víctima en lugar de preguntarnos qué le ha ocurrido? ¿Dónde está la línea entre cuidar a alguien y apropiarse de su experiencia?
Sí, creo que es una parte muy interesante de la historia. Es una experiencia muy conocida, especialmente para las mujeres, históricamente: simplificar la experiencia diciendo que una mujer está loca o es histérica. Son términos que se han usado para simplificar la experiencia femenina. Creo que viene de una mezcla de clasismo, miedo y otras cosas. No quieren verla como una criatura ambigua, ambivalente, con una experiencia específica. Están asustados ante la ambigüedad y por eso quieren simplificarla.
¿Y cómo trasladaste esa idea a los demás personajes?
Intenté poner eso en los personajes porque creo que también se reflejará en la audiencia. No tenemos la historia a través de ella, pero, como estamos mirándola, intenté recrear en los otros personajes posiciones que podrían ser las de la propia audiencia: mirarla de una manera determinada y querer entenderla. Creo que es una necesidad muy humana entender a los demás, pero también existe la posibilidad de permitir que sean inesperados, que no podamos ponerlos en una categoría y que puedan evolucionar.
Creo que a veces somos demasiado débiles, demasiado asustados o demasiado rígidos para hacer eso. Las audiencias de las películas hacen lo mismo: quieren saber por qué alguien hace lo que hace y quieren una respuesta simple. Yo no estoy muy interesada en esa respuesta simple, así que intenté reflejarlo en los personajes.
Me gusta que veamos los comportamientos de ella para enfrentar al espectador con esa misma sensación. Ves algo que hace o dice y tiendes a simplificarlo: “Eso es lo que le pasa”. La patologizas o lo simplificas. La construcción del resto de personajes sirve precisamente para enfrentar al espectador con esa tendencia: queremos entender a las personas, pero no siempre queremos entender la profundidad y la complejidad que hay detrás de ellas.
El hecho de que todo transcurra en un entorno donde la danza es un elemento más. Entiendo que tú tienes una relación con la danza, pero quería saber por qué decidiste llevarla a la película.
Porque, para mí, mirar a un personaje psicológicamente es tratar de trazar la experiencia y el trauma en el cuerpo. Personalmente, creo que el trauma está en nuestro cuerpo. Quería tener un personaje que fuera consciente de su cuerpo, pero que, de alguna manera, estuviera desconectado de él.
Esa comunicación, ese intento de entender en qué situación está el cuerpo, si se rompió a causa de su experiencia… Personalmente, la forma en que siento la terapia y la psicología se vuelve más comprensible cuando puedo llevarlas al cuerpo. Trabajamos mucho con la actriz. Tratamos de entender dónde está su miedo, dónde están las tensiones de su cuerpo, de dónde vienen, de dónde salen y dónde las esconde o las carga. Como soy bailarina, lo he experimentado mucho. Veo experiencias que se manifiestan en los cuerpos y creo que puedo percibir, con frecuencia, cómo se siente una persona durante el día y cómo llega a una habitación. Eso es algo con lo que quería trabajar. Creo que los traumas quedan atrapados incluso intergeneracionalmente en nuestro cuerpo.
No solo en el cuerpo: también vemos toda esa tensión en sus hombros y en diferentes partes. Al llevar todo eso en nuestros propios cuerpos, somos más conscientes de él y se vuelve algo más tangible.
En una generación como la de Tian, y en un entorno más artístico y aparentemente más abierto, se presentan los mismos códigos y las mismas dinámicas de una relación de violencia. No hay un apoyo ni una lógica diferente. ¿Te interesaba mostrar que un mundo que se considera más liberal puede reproducir estructuras tradicionales de violencia?
Porque creo que es la realidad. Soy de este mundo y he experimentado exactamente este tipo de estructuras. En realidad, para ser sincera, el mundo de la danza tiene una mala reputación, pero no creo que todo en él sea malo. Sí creo que hay muchas posibilidades de que el poder no se utilice de una manera adecuada.
Es un mundo muy dominado por los hombres, pero con muchos cuerpos femeninos en escena. Eso crea una identificación excesiva de los bailarines con sus cuerpos, porque su cuerpo es su herramienta de trabajo. Y, en cierto sentido, eso puede estar muy cerca de la explotación y del uso del poder sobre los cuerpos. Por eso creo que el mundo de la danza abre posibilidades específicas para el abuso de poder. En la película vemos algo muy similar.
No es como si hubiera una diferencia radical entre el mundo de la película y el de la danza. Las jerarquías son muy similares y, como hablamos de manera muy coloquial y físicamente cercana, todo puede parecer una amistad, pero no necesariamente lo es. Todavía hay relaciones de poder. Creo que eso lo hace bastante abrumador y difícil de ver. Si ya estás trabajando de una manera tan física, ¿cuándo se cruza la línea? Es bastante difícil de determinar.
Entonces, ¿querías mostrar que precisamente esos cuerpos, que son la herramienta de trabajo, concentran muchas dinámicas de poder?
Sí. Creo que este mundo está atravesado por cierta ignorancia. Esos cuerpos son todo su trabajo, así que hay muchas dinámicas de poder alrededor de ellos y de todas esas mujeres. Y pasa algo parecido en el mundo del cine.
Naemi, el título de la película, Body of Glass, ¿qué representa?
Representa algo diferente para cada uno de nosotros. Quería mantenerlo abierto y estoy feliz de que tenga diferentes significados para distintas personas del reparto y del equipo.
Siempre está, por supuesto, el cuerpo y lo físico, pero hay diferentes connotaciones de “glass” para los distintos miembros del reparto. Para algunos tiene que ver con la fuerza de la transparencia; para otros, con la fragilidad. Yo escogí dejar esa apertura para que cada persona pueda leer lo que quiera. Creo que la transparencia, para mí, se refleja en la puesta en escena, como si ella estuviera expuesta.
¿Cómo se refleja esa idea visualmente en la película?
Eso es algo que reflejamos a través de la estética de la película. A menudo existe la idea de que la violencia doméstica sucede escondida, en habitaciones oscuras, donde no se puede ver realmente. Nosotros la ponemos en escena: está en un mundo iluminado, con ventanas, y todo está expuesto. Decidimos hacerlo así porque queríamos mostrar que a menudo no es que la violencia esté tan escondida, sino que la gente no mira.
¿Y cómo conectas esa transparencia con la danza?
Esa es también la conexión entre el escenario y la violencia doméstica. A menudo los bailarines se acostumbran a ser mirados, pero no necesariamente vistos como personas. Quería colocar ahí esa transparencia. Pero también tiene que ver con dónde están sus fragilidades, dónde está su fuerza y con si puede encontrar alguna fuerza en su fragilidad o no. Todas esas connotaciones están en el título de la película.
Tian se acerca a una familia que ha perdido a un hermano y a un hijo porque siente que las emociones son similares a las que ella misma experimenta. ¿Por qué ese paralelismo?
Creo que hay un paralelismo en esos sentimientos porque Tian también está pasando por una cierta tristeza. Creo que siente una tristeza de amor que quizá nunca tuvo. Tal vez es solo la idea del amor, o quizá la confusión entre la intensidad de la violencia y el amor. Pero ha perdido algo; al menos, ha perdido la esperanza o la posibilidad de elegir la vida.
Lo que no tiene es una manera de lidiar con eso. Creo que tanto en esas experiencias de tristeza como en la violencia doméstica hay mucha soledad. Al menos en la cultura europea occidental, no existe una gran cultura de la comunidad alrededor del duelo. Lo que este grupo, la familia y los amigos, consigue es encontrar cierta solidaridad y apertura: cada uno vive el duelo a su manera, porque todos tienen distintas formas de expresarlo y, al mismo tiempo, existe tolerancia hacia ello. Tian está tratando de encontrar una manera de vivir, experimentar y compartir su tristeza. Está aprendiendo de ellos y viendo su propia tristeza en ellos. Hay mucha verdad en esa conexión, aunque, por supuesto, ella entra en el grupo con una mentira.
Los distintos duelos que vivimos van asociados a mucha soledad. Ella encuentra una forma de relacionarse con la familia porque todos expresan el duelo de distintas maneras y encuentran un punto en común para combatir esa soledad. Hay mucha verdad en conectar experiencias diferentes que tienen un trasfondo de duelo similar.
El género de la película: en algunos momentos me parecía estar viendo una película de terror. Por ejemplo, cuando aparece el momento en que él está en la cama y ella lo tiene atado, o los momentos en la casa de la familia de Tian en los que no sabes muy bien qué va a pasar. ¿Te interesaba esa sensación de thriller o de terror? ¿Cuáles son tus referentes?
Estoy muy interesada en el thriller. Creo que gran parte del thriller de la película funciona porque quiero mantener sus secretos. No es una película en la que sepas de antemano qué va a hacer o qué decisión va a tomar. Estás a ciegas con respecto a ella hasta que vemos lo que ya ha hecho. Creo que mantener ese enigma sobre su personaje, y hacer pequeñas revelaciones sobre lo que le ha pasado, es importante.
¿Qué te interesaba más mostrar: la violencia en sí o el poder que permanece después?
Creo que ir a través de la experiencia de la violencia y también de las experiencias relacionadas con la salud mental es aterrador. Sin exponer la violencia de manera tan explícita, me interesaba más qué poder tiene cuando ya no está físicamente ahí. No me interesaba tanto mostrar cuándo él la está golpeando, sino cuánto de ese poder permanece dentro de ella. La asusta incluso cuando él ya no está en la misma casa. Creo que eso es lo más aterrador de experimentar una violencia así.
Por ello, no hay un final inmediato. No se cierra la puerta de la habitación y se acaba. Su poder continúa. Ella prolonga y continúa la violencia en su propia cabeza a partir de lo que ha vivido.
Has mencionado tus referencias. ¿Hay alguna película en particular que te haya inspirado?
Hay una referencia que no es exactamente de terror o thriller, pero que tiene ese sentimiento de tensión y miedo para mí. No estoy comparando mi película con ella, porque es una película que admiro mucho: La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel. No sé si la conoces, pero también es una película en la que las acciones de la mujer son extremadamente enigmáticas y ella es muy secreta para la audiencia. Hay mucho juego con la idea de juzgarla o no juzgarla, simplemente dejándola estar.
Es una película que genera una tensión increíble: no saber, querer descubrir, intentar entenderla y después dejar de entenderla. Eso fue una referencia para mí. Hay un gran fondo de tensión psicológica en la película al intentar comprender los comportamientos de esa mujer, así que de ahí viene también mucha inspiración.
No sé si en Zinemaldia pudiste ver películas, pero, de las que has visto últimamente, ¿podrías recomendarnos alguna que te haya gustado especialmente?
Hay una que juega mucho con el estado psicológico del personaje. Siento que la presentación es muy valiente y que no tiene miedo de ir muy lejos en su expresión. Creo que me gustó mucho cómo juega con las perspectivas: estamos en la mente de una persona que está físicamente mal y, por lo tanto, también lucha mentalmente, pero al mismo tiempo estamos mucho con las personas que él ama y que le aman. Hay un movimiento constante sobre con quién conectamos, y me gustó mucho. Creo que fue una película muy bien hecha. Es The Man I Love. Tiene toda esa parte psicológica. Es un hombre que no tiene miedo de expresar cómo se encuentra en ese momento, toda esa parte psicológica de su situación. Os la recomiendo mucho; es la que más me llamó la atención.
Para terminar, ¿qué te gustaría que se llevara el público de la película?
Lo que quiero es que la película haga que la gente se haga preguntas y que ni siquiera necesite tener todas las respuestas. No es necesario que la juzguen; quiero que vivan con ella a través de su proceso y que cada uno lo interprete sobre todo desde su propia experiencia. Que cada persona saque sus propias respuestas, sus propias conclusiones y sus propios juicios. No hay un único mensaje: quiero que cada uno saque el suyo.
Realizada por: Marta Iraola y Ana Marco