Soy Nevenka

La película “Soy Nevenka”, dirigida por Icíar Bollaín, aborda el caso real de Nevenka Fernández y su denuncia por acoso sexual contra Ismael Álvarez, quien ocupó distintos cargos políticos entre 1991 y 2002.

El siguiente análisis del film se centra en profundizar en los mecanismos de supervivencia psicológica que activa Nevenka ante una situación sostenida de abuso de poder.

En las primeras fases del acoso observamos a una Nevenka confusa, en estado de tensión constante, pero todavía necesitada de confiar. Resta importancia a comentarios y conductas invasivas, los minimiza y los resignifica como “confusión” o “malentendido”. Intenta adaptarse al entorno en lugar de confrontarlo.

La negación funciona aquí como un mecanismo de defensa necesario para evitar una ruptura abrupta con la realidad. Reconocer el abuso implicaría asumir que la figura de autoridad en quien confió representa una amenaza directa, no solo profesional sino también psicológica.

Nevenka también racionaliza el malestar creciente que experimenta. Trata de explicarlo como “estrés político”, como una dificultad del agresor para gestionar sus emociones o incluso como una dependencia afectiva hacia ella. Esta racionalización le proporciona una sensación de control ilusorio: si puede explicar lo que ocurre, puede manejarlo. Sin embargo, esa narrativa interna retrasa la toma de conciencia del abuso estructural.

En varias escenas se percibe claramente la disociación emocional, una respuesta frecuente ante experiencias traumáticas. Aparece una desconexión entre lo que sucede y lo que se siente: la mente parece ir por un lado y el cuerpo por otro. El rostro se aplanza, la mirada se pierde, el discurso se vuelve más automático. Esta disociación reduce el impacto inmediato del sufrimiento, pero también incrementa la sensación de extrañeza respecto a una misma.

Uno de los mecanismos centrales del agresor es el aislamiento progresivo. Se promueve el desprestigio, se siembran dudas en el entorno, se rompen los apoyos con los que cuenta la víctima. Paralelamente, Nevenka comienza a reducir su círculo cercano, se retrae y evita compartir lo que le sucede. El aislamiento cumple una doble función: es inducido desde fuera como estrategia de control, pero también se convierte en una forma de autoprotección cuando percibe que puede no ser creída.

La culpa internalizada aparece como un mecanismo profundamente paradójico. Pensar que una exagera, cuestionar las propias señales o revisar la propia conducta resulta menos angustiante que aceptar la completa indefensión frente al poder. La culpa ofrece una ilusión de agencia: si hay algo que hice mal, entonces puedo corregirlo. Pero esta dinámica erosiona la autoestima y refuerza el dominio del agresor.

En conjunto, el recorrido psicológico que muestra la película no habla de debilidad, sino de la complejidad de la supervivencia ante el abuso. Cada mecanismo —negación, racionalización, disociación, aislamiento y culpa— no es un fallo del carácter, sino una estrategia adaptativa frente a una situación de amenaza sostenida. La evolución del personaje revela cómo, progresivamente, estas defensas dejan de ser suficientes y se abre paso una respuesta distinta: la toma de conciencia y la recuperación de la propia narrativa.

© 2026 Psicocine · Ana Marco Soto

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